Gregoria del Rosario Paz Ibañez

"Falleció tu abuela" me dijo mi mamá con voz triste.

"Tu abuela" no hacía falta más explicación, era mi única abuela, la única que conocí, mi única referencia de adultos mayores que mis padres.
La abuela que me traía turrones los viernes cuando llegaba del trabajo. A la que mi hermano Esteban le decía calo cuando era chiquito.
Esa misma que sabíamos que estaba llegando cuando la cerradura de la puerta hacía ruido de no encajar la llave después de varios intentos y esperabamos a que se abriera para gritar los tres "abuela!!! Vino abuela!"
Esa abuela ya no va a estar nunca más.


Mi abuela es y será siempre aunque ya no esté la persona más buena del mundo. Y no porque hoy sea el día en que murió, sino por esa paciencia infinita con la que vivía su vida. Cuando más se enojaba, más baja era su voz. Siempre tratando de verle el mejor lado a las cosas y agarrando menos de lo que le daban, tantas veces muy poco.





Tucumán  01/03/2012

Gregoria del Rosario Paz Ibañez

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